Amiga, date cuenta: no vas a heredar la empresa
Esto se lo escuché contar a una excompañera de un trabajo anterior.
Una vez la empresa aprobó una ampliación de presupuesto poco habitual, y alguien tenía que diseñar un proyecto de inversión completo para ejecutarlo. Desde cero. Desde el título, literalmente. Tenía que estar muy bien hecho, porque la cantidad era considerable y cambiaría buena parte de cómo funcionaba un área entera de la empresa. Y ahí empezaron los plazos laborales imposibles
Una tarde la citaron a una reunión. Ahí le dijeron que ella, por su experiencia y por ser de las pocas personas en la empresa que dominaban el tema, tenía que diseñar, formular y presentar el proyecto completo en menos de 24 horas, porque había que llevarlo ante la directiva al día siguiente y no había más margen. Su jefe sabía perfectamente que le estaba pidiendo un imposible: aquello requería aplicar instrumentos técnicos, investigar, leer, cruzar datos, para sacar algo que de verdad pudiera llevar su nombre. Lo único que dijo fue: «Sé que tú puedes».
Lo peor es que pudo. Dejó un documento sólido y una presentación lista, sin dormir ni una hora, apenas con tiempo para ducharse antes de volver a la oficina al día siguiente. La guinda llegó en la propia reunión, cuando se enteró de que no era la única a la que le habían pedido diseñar un proyecto, pero sí la única que lo había conseguido en menos de 24 horas. Los demás simplemente dijeron que no habían llegado y pidieron ocho días más. Se los dieron.
Al final miró a su jefe y le dijo: «Si había margen, ¿qué necesidad había de matarme por esto?». Él respondió: «Lo siento mucho. Vete a dormir, y mira el lado bueno: fuimos los primeros, y ya está hecho, así que no tienes que trasnochar más.» Ella contestó: «Es la primera y la última vez que corro para nada».
Lo que le quedó de aquello:
- Tu urgencia nunca es la urgencia de otro.
- No sacrifiques horas de sueño, esas no se recuperan jamás.
- Los plazos laborales imposibles son casi siempre ficción, siempre aparece más tiempo de donde decían que no había.
- Y no te creas nada quien te diga que algo es de vida o muerte, casi nunca lo es.
Para casos como este sirve un mantra: si no lo hago ya mismo, ¿se acaba el mundo? No, ¿verdad? Pues entonces puede esperar. Porque lo normal, cuando te piden algo con esa prisa, es que tu jefe termine archivándolo. Al final resulta que no era tan urgente.
Si tienes alguna historia que quieras contar por aquí, escríbeme a jenniffer@guaduastudio.com y la publico de forma anónima en los siguientes posts. Eso sí, al final de tu historia cuéntame qué aprendiste de aquella experiencia, qué te dejó de positivo. Gracias.